El caso de Sergio Lozano como diseñador no es diferente al de los grandes de la industria. Una sola obra termina persiguiéndolos durante toda su carrera. Esa obra es el Air Max 95.
Es comprensible. Treinta años después sigue pareciendo raro. Las capas, el degradado, el Neon, la mediasuela negra, ese Swoosh diminuto colocado casi como una firma. Lo ves y sabes perfectamente qué es, incluso antes de acercarte.
Pero quedarse únicamente con el 95 deja fuera buena parte de la historia.
Sergio pasó más de tres décadas dentro de Nike. Trabajó en categorías muy distintas, participó en el desarrollo de tecnologías que tardaron años en llegar al mercado, dirigió equipos y terminó formando a diseñadores que después tendrían carreras enormes dentro de la compañía.
El Air Max 95 es la puerta más conocida para entrar a su trabajo. Detrás de esa puerta pasan muchas más cosas.
De Buenos Aires a una entrevista que no esperaba tomar demasiado en serio
Sergio Lozano nació en Buenos Aires y llegó a Estados Unidos con su familia cuando tenía cinco años. Años después estudió diseño de producto en California State University, Long Beach.
Nike apareció casi por accidente.
La compañía estaba reclutando jóvenes diseñadores en California a principios de los noventa y Sergio aceptó entrevistarse principalmente porque quería practicar. El diseño de sneakers ni siquiera le parecía, en ese momento, el tipo de diseño industrial que quería hacer profesionalmente.
La segunda entrevista debió cambiar un poco la percepción.
Frente a él estaban Mark Parker, Tinker Hatfield y Sandy Bodecker.
Hoy esos tres nombres explican buena parte de la cultura creativa que hizo crecer a Nike durante varias décadas. Sergio entonces apenas estaba intentando conseguir experiencia en una entrevista de trabajo.
¡Terminó aceptando!
Entró a Nike en 1990 convencido de que probablemente se quedaría dos o tres años. Fueron más de treinta.
Antes del Air Max hubo que aprender a mirar
Lozano tampoco llegó directo a running.
Trabajó en tennis, training y ACG durante sus primeros años. Eso significaba brincar entre necesidades, atletas, terrenos y tipos de producto bastante diferentes. Para un diseñador joven era una forma intensiva de entender cómo Nike construía performance.
También evitó que llegara al Air Max demasiado condicionado por lo que un Air Max “debía” parecer.
Cuando Nike decidió renovar su producto de running más importante alrededor de 1994, buscó deliberadamente una mirada externa al equipo que normalmente trabajaba en la línea. Basketball estaba creciendo con una fuerza enorme y running necesitaba volver a generar conversación.
El brief para Sergio era bastante sencillo en papel y bastante complicado en realidad: hacer un gran producto de performance que se sintiera diferente a todo lo anterior.
Tenía permiso para meterse en problemas. Y lo hizo.
Un día de lluvia en Beaverton
La historia del Air Max 95 normalmente comienza con un libro de anatomía. En realidad empieza un poco antes.
Mientras trabajaba en ACG, Sergio tenía una oficina con vista hacia un lago en el campus de Nike. Un día lluvioso comenzó a pensar en la erosión de la tierra. Imaginó un objeto enterrado que poco a poco quedaba expuesto mientras distintas capas del terreno desaparecían.
Hizo un dibujo rápido.
Las líneas se parecían a los estratos que puedes ver en una formación geológica. Una capa detrás de otra. El boceto acabó guardado. Tiempo después volvió a aparecer mientras trabajaba en el nuevo Air Max.
Todavía faltaba justificar la idea. Tinker Hatfield tenía la costumbre de hacer una pregunta durante las revisiones de producto: puedes tener un gran diseño, pero ¿cuál es la historia?
Sergio fue a buscarla en la biblioteca de diseño de Nike. Ahí llegaron los libros de anatomía.
El cuerpo humano le dio una estructura a aquella primera idea de erosión. La columna, las costillas, los músculos y los tejidos podían traducirse en diferentes partes del sneaker sin que el resultado pareciera un ejercicio literal de anatomía.
La mediasuela y el soporte funcionaban alrededor de una idea cercana a la columna vertebral. El sistema de agujetas recordaba una caja torácica. Las capas laterales del upper podían leerse como músculos y tejidos colocados uno sobre otro.
De ahí salió una de esas cosas que ahora parecen obvias solamente porque ya existen. En 1995 no lo eran.
Muchas de las decisiones importantes parecían equivocadas
El Air Max 95 incomodó dentro de Nike.
Había demasiado gris. La mediasuela era negra cuando los runners de la época normalmente utilizaban bases mucho más claras. Por primera vez aparecía Air visible también en el antepié. La construcción se veía pesada y compleja. El branding prácticamente desaparecía.
Sergio inicialmente había pensado incluso en dejar el sneaker sin Swoosh. Creía que la forma era suficientemente reconocible para que alguien pudiera mirarla y pensar que solamente Nike habría hecho algo así.
Al final apareció un Swoosh pequeño cerca del talón. Casi una firma. El color también estaba resolviendo problemas menos glamorosos de lo que uno podría imaginar treinta años después.
La mediasuela negra ayudaba a esconder la suciedad que inevitablemente acumulaba un runner utilizado en serio. El Neon venía del lenguaje de racing de Nike y permitía dirigir la mirada hacia determinados puntos técnicos del diseño.
Por supuesto que todo junto se veía espectacular. Pero primero tenía que funcionar.
Esa combinación es quizá una de las cosas más interesantes del trabajo de Lozano. Una historia sofisticada no estaba peleada con una solución tremendamente práctica. Podías estar hablando de anatomía humana y, cinco minutos después, decidir que la mediasuela tenía que ser negra porque una blanca terminaba hecha un desastre.
Así es el diseño cuando sale del moodboard y toca el mundo real.
El momento en que un runner dejó de pertenecer únicamente a los corredores
Sergio diseñó el Air Max 95 como producto de performance. La calle decidió qué más podía ser.
Japón tuvo una relación especialmente intensa con la silueta desde muy temprano. El modelo se agotó, apareció rápidamente en el mercado de reventa y se convirtió en uno de los objetos que acompañaron el crecimiento de una cultura sneaker mucho más obsesiva alrededor del producto.
En Reino Unido ocurrió algo diferente y quizá todavía más interesante.
En Liverpool, el Air Max 95 terminó conocido simplemente como el 110, por las £110 que costaba originalmente. Ahí encontró una segunda vida dentro de la cultura de las terraces, el fútbol, los tracksuits y una forma muy particular de construir identidad alrededor de lo que llevabas puesto.
Eso me parece más interesante que decir simplemente que el Air Max 95 “trascendió el deporte”.
Un diseñador puede controlar la construcción de un producto hasta cierto punto. Puede decidir materiales, proporciones, color, soporte y tecnología. Lo que no puede programar es que años después una ciudad termine poniéndole otro nombre.
Cuando eso sucede, el objeto ya tiene una vida que no depende de la presentación original de la marca. Esa es una de las partes más bonitas de los sneakers. Todos entramos por lugares diferentes.
Alguien puede descubrir el 95 por running. Otro por grime. Otro porque lo vio en Japón. Otro por fútbol. Otro porque su hermano mayor tenía un par. Otro porque encontró un colorway usado y empezó a investigar por qué ese sneaker tenía tantas líneas.
Terminas llegando al mismo objeto desde historias completamente distintas.
Hacer un clásico y tener que presentarte a trabajar al día siguiente
El Air Max 95 salió. Funcionó. Y Sergio tuvo que continuar trabajando.
Eso también conviene recordarlo porque cuando vemos las carreras de los grandes diseñadores a distancia todo parece mucho más ordenado de lo que realmente fue.
Después aparecen en su trayectoria otros proyectos importantes de Air Max y running, entre ellos Air Max 98, Air Tuned Max y Air Max 2003. También estuvo involucrado en el largo desarrollo de Nike Shox.
Shox es especialmente útil para entender otra parte de su carrera porque rompe con la fantasía del diseñador aislado que tiene una idea brillante y la convierte solo en producto. La tecnología llevaba años circulando dentro de Nike.
Entraba al laboratorio, encontraba problemas, desaparecía y volvía a aparecer cuando materiales y procesos permitían intentarlo nuevamente. Ingenieros, diseñadores y distintos equipos participaron durante ese recorrido.
Cuando el proyecto recuperó fuerza hacia finales de los noventa, Sergio trabajó junto con parte del equipo original para resolver cuestiones de estabilidad, materiales y ejecución. En running estuvo directamente involucrado en darle al sistema una identidad que no pareciera simplemente un sneaker existente con columnas colocadas debajo.
La historia tardó años. Mucho ensayo. Muchas manos. Eso también es Nike.
Sergio Lozano detrás de otros diseñadores
Con el tiempo, la posición de Sergio dentro de la compañía cambió. Ya no se trataba únicamente de dibujar sus propios sneakers.
Fue Creative Director de Nike Running y después ocupó posiciones de dirección en otras áreas, incluyendo performance basketball. Bajo esos equipos comenzaron a trabajar diseñadores que más adelante definirían capítulos importantes de Nike.
Sean McDowell, por ejemplo, desarrolló el Air Max Plus cuando Sergio dirigía Nike Running. McDowell ha contado que algunas decisiones del 95 (el Swoosh pequeño, la oscuridad de la suela, el peso visual de la tecnología) estaban presentes mientras él intentaba encontrar un lenguaje propio para el Tuned Air.
No significa que Sergio diseñara el Air Max Plus.
Significa algo más interesante: una idea puede pasar de un diseñador a otro sin que ninguno de los dos haga el mismo producto. Eso es influencia de verdad. No copiar una silueta. Entender por qué una decisión funcionó y utilizar esa información para resolver otro problema.
“No diseñé ninguno para mí”
Leo Chang contó una historia que quizá explica mejor a Sergio que cualquier lista de sneakers.
Cuando Chang era un diseñador joven en Nike, Sergio fue uno de sus primeros jefes. En su oficina había una pared cubierta de proyectos en los que había trabajado.
Chang vio todos esos pares y le hizo la pregunta natural: ¿cuál es tu favorito? La respuesta lo desarmó un poco. Sergio le explicó que no había diseñado ninguno de ellos para sí mismo.
No estaba diciendo que el gusto personal no importara. Claro que importa. Todo diseñador lleva algo propio a un proyecto. El punto era recordar para quién estaba trabajando. El atleta. El corredor. El consumidor.
Una persona con otro cuerpo, otra edad, otros gustos y necesidades completamente diferentes a las tuyas.
Chang se quedó con esa idea. Años después diseñaría buena parte de la línea de Kevin Durant, además de trabajar en otros proyectos importantes de Nike Basketball.
Hay un tipo de legado que no aparece impreso dentro de una lengüeta. Es éste.
Después de treinta años
Sergio terminó saliendo de Nike en 2021, después de una carrera que había comenzado con un estudiante dudando si diseñar sneakers era siquiera “diseño real”.
Había pasado por producto, running, nuevas tecnologías, dirección creativa, basketball y desarrollo de equipos. Después de Nike siguió hablando de liderazgo, colaboración y mentoría, temas que tienen mucho sentido cuando observas el recorrido completo.
Porque al final su historia dentro de Nike tampoco es únicamente la de alguien que tuvo una gran idea en 1994. Es la historia de aprender a trabajar con otras personas. De recibir preguntas difíciles de Tinker cuando todavía estaba formando criterio.
De participar en tecnologías que necesitaron años antes de estar listas. De dirigir a diseñadores que algunas veces no hicieron lo que él habría hecho. Y de entender que eso estaba bien.
En una entrevista, Jeff Henderson (otro diseñador que trabajó bajo Sergio) recordó un proyecto en el que Lozano le dijo que una idea no funcionaría. Henderson siguió adelante de todas formas. Cuando finalmente funcionó, Sergio estaba orgulloso de que no lo hubiera escuchado.
Esa anécdota es pequeña, pero dice bastante. Un mal director necesita tener razón. Uno bueno necesita que el equipo encuentre la mejor respuesta.
Volver al 95
Después de conocer todo esto, el Air Max 95 empieza a verse un poco diferente. Siguen estando las costillas, las capas, el Air y el Neon. Sigue siendo una barbaridad de sneaker.
Pero también puedes ver a un diseñador joven que todavía estaba aprendiendo Nike, guardando un dibujo hecho después de mirar la lluvia desde una ventana. Puedes ver a Tinker preguntando cuál era la historia.
Puedes ver una compañía discutiendo si una mediasuela negra tenía sentido. Puedes imaginar ese sneaker llegando a Tokio y después convirtiéndose en el 110 de Liverpool sin que nadie en Beaverton pudiera haber escrito eso en un brief.
Y muchos años después aparece otra imagen: una oficina con una pared llena de zapatos y un diseñador joven preguntando cuál era el favorito de Sergio.
La respuesta sigue siendo probablemente la parte que más me interesa. Ninguno estaba hecho para él.
Quizá por eso tantos terminaron siendo importantes para alguien más.
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